The problem of obesity in times of late capitalism: from neoliberal economics to collaborative public policies based on “good living”

Keywords: Obesity, Good living, Late Capitalism, Neoliberalism

Abstract

We study the problem of obesity based on current critical theory, which analyzes the problem posed by late capitalism as its cause. The study uses a critical perspective framed in the Hegelian studies, specifically in one of his central books, The Science of Logic, because in it “the immediate” allows us to visualize how the current ideology operates subjecting the human being and how “the immediate” is one of the principles that dominate capitalism, from which we analyze the issue. The capitalist logics are a reality that create social, political and cultural model in which the human being is trapped, assuming the productive and nutritional stance ofthis systemthatlaunchesus to achieve high levels of production and a food policy based on the business benefit and consumption over the care ethic. We finish it by proposing the construction of public policies focused onwhat has been called “good living” in Latin America.

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Published
2019-07-29
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Lolas, R., Doña, A. M., & Gómez-Gonzalvo, F. (2019). The problem of obesity in times of late capitalism: from neoliberal economics to collaborative public policies based on “good living”. Saúde E Sociedade, 28(2), 239-248. https://doi.org/10.1590/S0104-12902019180791
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Articles

Introducción

Este artículo versa, dicho de forma muy genérica, sobre cómo la ideología capitalista, tema bastante estudiado en la actualidad por diversos autores tanto de la filosofía como de las ciencias sociales (Espinoza, 2016; Hardt; Negri, 2009; Harvey, 2015; Jameson, 2010; Zizek, 2006), opera de modo negativo en las políticas públicas relacionadas con la salud y, más específicamente, con el problema de la obesidad. Y para entender el problema tenemos en el método expuesto por Hegel en su libro La ciencia de la lógica (Wissenschaft der Logik, WdL) (Hegel, 2011) las herramientas conceptuales para visibilizar tal ideología y, además, darnos cuenta de cómo acontece y se manifiesta en la ciudadanía subjetivándola.

Capitalismo e inmediatez en nuestra subjetivización

El elemento lógico de la Ideología, fundamental para nuestro estudio sobre el “buen vivir”, es lo que Hegel llama en WdL lo inmediato (das Unmittelbare) (Espinoza, 2016). Lo dicho es una de nuestras tesis fundamentales en este artículo. Y para que se entienda a cabalidad, con todo lo que ello significa, tendremos que estudiar, someramente, ¿qué es lo inmediato? Será necesario ver varias aristas que se dan en lo inmediato y cómo se expresan lógicamente en distintas zonas de lo real, siendo una de ellas la práctica de vida saludable. Lo inmediato siempre está presente, pero de forma aparentemente inmediata y, por tanto, pasa por lo general ante la propia visión del sujeto desapercibido. Hegel (2011) dice: “El ser es lo inmediato indeterminado”. Por eso nos cuesta tanto ver nuestra propia ideología, nuestra propia subjetivación (es parte de nuestro propio ser); al contrario, está naturalizada para nosotros y “es así” -un “sí y un amén” diría Nietzsche (2000) - y no podría ser de otra forma y menos hacernos cuestión acerca de ella. Y, por esta razón, siempre es más fácil analizar y criticar ideologías ya extintas o de territorios geopolíticos y existenciales distintos al nuestro. Algo similar sucede con el tema de la obesidad, pero a la inversa. Como estamos sumergidos en el capitalismo tardío no podemos ver del todo el problema de la obesidad, porque nosotros somos parte de su carácter inmediato. Hemos sido subjetivados para comer de cierta forma, no hacer ejercicio, consumir y consumir, etc., para que en el fondo seamos parte del mundo de los “obesos”.

Por ejemplo, se nos hace más evidente ver las ideologías de Oriente. Nos percatamos fácilmente de la diferencia que se da con el mundo musulmán en general, incluso podemos distinguir con claridad en ese mundo una variante suní o chiita de la misma ideología; variante que lleva siglos en constante conflicto y que permite entender bastante lo que hoy está aconteciendo, por ejemplo, en el Estado islámico (Napoleoni, 2015). Y “vemos” estas ideologías en su carácter inmediato de ser para otros porque no es, no acontece, para nosotros tal inmediatez, por eso la podemos ver; tal ideología no está distanciada y mediatizada. Algunas ideologías las podemos ver simplemente por medio de sus prácticas (que obviamente son ajenas a las nuestras). Si estamos en Londres, en una capital cosmopolita, nos damos cuenta de una forma de vestir de ciertas mujeres que portan velo. Literalmente “vemos” la ideología y si somos más finos en nuestro mirar, vemos hasta distintas ideologías operando, como si fueran fuerzas ciegas que interactúan ahí delante de nosotros y generan una trama y campo de fuerzas, en distintas vestimentas de mujeres musulmanas desde el simple velo de color que se usa en la cabeza hasta vestidos, casi al estilo tristemente célebre del “burka” afgano, completamente negros que cubren casi por completo a la mujer de la cabeza a los pies, dejando solamente visible los ojos; estamos, literalmente, ante el radical carácter inmediato de la ideología. Y ese carácter de inmediatez estará para nosotros presente a la hora de visibilizar lo que acontece con la obesidad y la posibilidad de un “buen vivir” en Chile (podemos ver la falta de políticas públicas y la presencia radical del capitalismo). Y, por lo tanto, tendremos que mostrar lo que de suyo desaparece detrás de esos fenómenos. Y en este visibilizar nos daremos cuenta de que es la propia ideología capitalista tardía la que está subjetivando al ser humano actual en general y al/la niño/a en especial. En esta subjetivación del capitalismo en nuestro propio cuerpo nos conduce a ciertas prácticas; que nos llevan al “descuidado de sí”.

La obesidad como ¿problema biológico e individual? Orientándonos hacia el “buen vivir”

Cuando observamos detenidamente y reflexionamos sobre, pues es la manera en que lo inmediato de la ideología capitalista comienza a fisurarse, cómo han evolucionado los datos porcentuales de adultos estadounidenses obesos desde el año 1985 al 2010 podemos percibir una realidad realmente sorprendente. Menos del 10% de la población era considerada obesa en el año 1985, lo que contrasta drásticamente con un porcentaje superior al 30% en el año 2010 (CDC, 2015). El avance del capitalismo es muy rápido y de consecuencias nefastas. En Chile, desde el año 1987 al 2000 observamos un incremento superior a 10 puntos porcentuales en niños y niñas que presentan obesidad (Amigo, 2003). Tal incremento es por “contagio”; unos y otros se van volviendo obesos, pues las prácticas de las personas han sido colonizadas por la industria capitalista. Del año 2007 al 2010 se observa un aumento de la presencia de obesidad en niños/as menores de 6 años, que llega hasta la preocupante cifra de un 9,9% y de un 22,4% para infantes que presentan sobrepeso (Chile, 2011).

Si analizamos las políticas públicas internacionales y nacionales en relación a las causas directas que han originado y están provocando este rápido aumento porcentual de la obesidad a lo largo del mundo, encontramos una Hydra de tres cabezas, tres grandes causas. Una Hydra que se llama capitalismo tardío y que trabaja en forma precisa, sistémica y con un paso decisivo e inexorable y que es muy difícil de contrarrestar. Estas tres razones son: (1) deterioro de la dieta; (2) bajos niveles de actividad física; y (3) falta de educación nutricional (McAllister et al., 2009; WHO, 2010).

No podríamos estar en desacuerdo con estas evidencias a las que las ciencias biomédicas, principalmente, han sido capaces de llegar. Pero sí creemos que centrar todo el análisis en estas causas con la subsiguiente construcción de políticas públicas coherentes con las mismas es limitado y limitante. Lógicamente estamos de acuerdo con la responsabilidad individual en relación al incremento de la obesidad. Pero no podemos olvidar, y ahí nuestro análisis filosófico-político siguiente, que también existe una responsabilidad social y colectiva en torno a la materia. Esta invitación a la no dicotomización de las causas de la obesidad ha sido expuesta en el interesante número de la revista The Lancet de febrero de 2015. Las evidencias más actuales nos permiten ver cómo estas políticas no han tenido éxito para disminuir dichos niveles de obesidad (Boyd et al., 2015; Christina, 2015).

Si defendiéramos la postura meramente individualista y biofisiológica que emerge de las tres causas ya descritas y que esconden un análisis lineal de la problemática y una lógica política y económica interesada en esta superficialidad del análisis, el problema de la obesidad hubiera desaparecido hace mucho tiempo, pues todas las personas harían lo correcto para no tener problemas de salud relacionados con la problemática que estamos abordando. Esto evidentemente no sucede ni sucederá, pues se trata de algo más radical que opera como un dispositivo de subjetivación de los seres humanos. Abogamos por un análisis de la compleja trama relacional a partir de la cual se construyen las conductas en los seres humanos (Capra, 2002). En este sentido, y siguiendo a Kihn (2013) y Navarro (2013), nos preguntamos por el momento en que comienza este aumento progresivo del sobrepeso y la obesidad, y qué acontecía política y económicamente en el mundo, y en Chile, en esos momentos. Pues es evidente que debemos levantar y hacer visible el dispositivo ideológico desde donde somos, estamos y nos movemos, y ese dispositivo se ve a la luz de nuestra situación y de su devenir histórico.

Las políticas capitalistas tardías se instalan con excesiva fuerza tanto en EE.UU. como en Inglaterra (Klein, 2009). Y desde ahí comienzan a extenderse a lo largo del mundo. En Chile empieza la dictadura militar, concretamente, en el año 1973, y el laboratorio neoliberal, como se llamó, comienza a funcionar (Foxley, 1988). En estos años inició una serie de políticas caracterizadas por cierto darwinismo social, duros ataques a la lógica sindical, falta de protección laboral, menores salarios y deterioro de las condiciones de trabajo (Cárdenas; Correa; Prado, 2014; Harvey, 2015). No es casualidad que en estos años comienzan a emerger con fuerza enfermedades psicológicas como el estrés y la ansiedad. En Chile, por ejemplo, el número de personas atendidas en el dispositivo de salud mental ha aumentado drásticamente en las últimas décadas (Chile, 2014), con cambios realmente sorprendentes en la tasa de suicidio por cada 100.000 habitantes (Valdés; Errázuriz, 2012).

Desde aquí es totalmente comprensible la afirmación de Drewnowski (Director Nutritional Sciences Program - Universidad de Washington, Seattle), al señalar que la obesidad no va a disminuir, pues los niveles actuales son resultado de un contexto económico que se deteriora (Drewnowski; Rehm; Arterburn, 2014; Drewnowski et al., 2014). Al igual que la obra de Ionesco (2004), El rinoceronte, se va a generar un rápido avance por contagio de prácticas, y prontamente la mayoría de las personas serán obesas.

A pesar de los grandes esfuerzos por hacer ver y entender la vertiente psicológica, social, económica, política y filosófica del problema de la obesidad (esto es su ideología), aún seguimos reproduciendo la versión sustentada, casi exclusivamente, en la dimensión biofisiológica de tal problema (Moreno; Álvarez, 2010).

Es por ello que, en un afán de alejarnos de esta limitada y limitante perspectiva, proponemos comenzar a caminar hacia un concepto de salud y bienestar surgido de las teorías de la decolonialidad en Latinoamérica (Marañón, 2014) y que nos invita a mirar los problemas de salud que atañen a la población desde un imaginario histórico anticapitalista, caracterizado por la capacidad de atender y rescatar una subjetividad basada en la reciprocidad y en una racionalidad liberadora de la explotación y dominación; solidaria entre las personas y con la naturaleza y que se expresa en cada acción personal y colectiva. Es la única forma de poder vencer el carácter inmediato del capitalismo tardío. A esto se le está denominando el “Buen vivir” (Marañón, 2014), y ya comienza a permear la lógica desde la que se están construyendo ciertas políticas públicas en algunos países latinoamericanos.

Es complejo definir el “Buen vivir”, pues asumimos, siguiendo a Acosta (2016), que no es una tesis, ni un concepto. Construir un manual de lo que es o debiera ser el buen vivir sería tan incoherente como irreal. Es, más que un concepto, una experiencia contextualizada a cada una de las formas de ser y estar de los pueblos originarios de nuestra América.

Huanacuni (2010) nos plantea que, según la ideología dominante, las personas desean disfrutar de una mejor calidad de vida, entendiendo que ésta depende, casi exclusivamente, del Producto Interior Bruto de cada país. El Buen Vivir, desde los pueblos americanos, asume que no puede ser la economía la respuesta única al bien ser y bien estar de los pueblos, sino que el vivir en plenitud está determinado por una relación con uno mismo, con los demás y con la existencia en general.

Es desde esta mirada general que planteamos como necesaria la descolonización del concepto de salud. Dicha descolonización nos conduce a valorar y rescatar el saber de Abya Yala en relación con el bien ser y el bien estar. Y significa entender que, desde el capitalismo tardío, la salud está asociada, ineludiblemente, al consumo. Al capitalismo no le preocupa, genuinamente, la obesidad, sino que su mayor preocupación gira en torno a la existencia de consumo. Es decir, por un lado, nos están ofreciendo (“vendiendo”) la obesidad a la vez que nos ofrecen (“venden”) la salud.

Desde las lógicas capitalistas hacendales, la calidad de vida se asocia con la posibilidad de seguir vigente en el consumir. En nuestro caso, sería la posibilidad de seguir ingiriendo aquellos alimentos que el mismo capitalismo nos indica que son propios de un legítimo consumo. Herbalife, por ejemplo, no es una forma de alimentarse, sino que es definida como una corporación de marketing multinivel desde donde se nos indica cuál sería la forma o las formas de alimentarnos mejor. Ello estaría relacionado con intentar determinar cuáles son los productos seductores al paladar y asociarlos al consumo, también, de imágenes, colores, sonidos, premios y regalos. Es este un aparataje que conserva y mantiene el alto nivel de consumo.

Desde el conocimiento producido por culturas tan complejas y dinámicas como la mapuche, guaraní o aymara, entre otras, se trataría de comer y vivir lo justo, pues la salud no está pensada sólo en términos de individualismo (lo que me pasa), sino de pensar la salud en términos de reciprocidad, que es pensada y sentida en términos humanos y no humanos.

Esta conceptualización, desde la teoría crítica actual, nos abre la posibilidad de un trabajo pedagógico orientado hacia la transformación de esta injusta e inequitativa sociedad que no nos permite “vivir bien”. En términos comunes para todos y todas no nos permite un “estar-siendo-ocurriendo” (Wild, 2002), ello a pesar de nuestros esfuerzos por conseguirlo. La desigualdad en Chile (Mayol, 2012) y el mundo (Milanovic, 2011) ha perpetuado y perpetúa una relación entre países y entre personas poco colaborativa. Una red de relaciones competitiva, de negación y poco generadora del bienestar humano, que tanto añoramos. Como dice Althusser4, toda práctica busca perpetuarse, y esto es, en realidad, el aparato ideológico del Estado.

Análisis filosófico de nuestro problema: la obesidad en tiempos de capitalismo tardío y sus implicaciones para la construcción de políticas públicas basadas en el “buen vivir”

Desde los mismos griegos, el quehacer filosófico era plenamente político. Y no nos referimos solamente a los dos grandes filósofos clásicos: Platón y Aristóteles (que su obra en torno a lo político, al cuerpo y a la contingencia de su época es totalmente evidente), sino desde los presocráticos queda bastante claro que la cuestión de la polis era central en sus investigaciones, ideas y vida práctica (la filosofía como algo propio de tipo teorizante es muy tardío). Se piensa incardinado en la polis y desde ella se la diseña entre todos. Y esto es lo que se olvida hoy; al parecer hay ciertas políticas públicas que no están pensadas desde las personas, sino desde otros intereses para subjetivarnos en precariedad. Y es labor tanto de filósofos como de educadores el visibilizar este problema y lo que se debiera realizar para corregirlo a la brevedad.

La filosofía va de la mano de la política. Y esto hoy ha vuelto a ser algo fundamental, en que está en juego lo que está sucediendo a nivel social y lo que va a venir. No es lo mismo tener una alta juventud obesa o no tenerla, lo que se está dando ahí son modelos distintos de sociedad y, sobre todo, modos diversos de accionar el mundo: uno apunta hacia una economía del consumismo y el otro hacia una economía colaborativa, por ejemplo. Pero de lo que se trata es de entender eso “de la mano” entre políticas públicas y filosofía. Ahí se juega todo. Ese “de la mano” indica una cierta articulación entre ambas. Y esa articulación es el “método que estamos proponiendo” para investigar en torno al “buen vivir”, desde la subjetividad a la sociedad, desde la ideología imperante: el capitalismo tardío.

En el método podemos darnos cuenta y expresar la cosa. De algún modo, tal o cual cosa se deja modelar, y a veces su ser depende de él. Y para hablar hoy de lo político es necesario que echemos mano a un método. El método hegeliano nos permite estudiar lo que acontece con la política pública, qué la ha caracterizado y cómo se la puede diseñar en un futuro próximo para poder generar un “buen vivir” y detener el avance de la obesidad.

¿Cómo es posible “leer” la obesidad hoy? ¿Por qué Hegel nos permite ver e interpretar el fenómeno complejo de sujeto, sociedad, política y empresa? (Vitiello, 2012) ¿Por qué Hegel nos permite investigar en este artículo en torno a la política pública? ¿Por qué Hegel en tiempos de capitalismo salvaje, modelos de negocio, parámetros de cuantificación científica y de exitismo exacerbado? ¿Cómo Hegel es clave para entender por dónde debe ir la empresa hoy, no solamente para Chile sino en el mundo? En el fondo al ver los datos que hemos señalado, lo que acontece en Chile es nada más que atomismo subjetivo5 (Hegel, 2011; Marx; Engels, 2000), como diría Hegel, esto es, narcisismo y ¡sálvese quien pueda! Tiempos de lobos devorando a otros lobos (Espinoza, 2012) ¿Para qué Hegel en el imperio actual del Leviatán del capitalismo tardío? ¿Qué es lo más propio cuando todo se ha vuelto en instrumento de medición y estamos atrapados a una cierta regla que nos norma y nos indica qué hacer y qué esperar cuando la ciencia, a veces, ya no piensa, no crea, sino simplemente calcula dentro de una regla establecida, dentro de una ideología determinada? Ese es el problema de la ideología que nos estructura en todas las zonas de la realidad y, por ende, también en la empresarial; y la empresa de alimentación para niños(as) y adolescentes en edad escolar es una zona muy apropiada para generar grandes ganancias de forma rápida. Lo que se necesita es que coman comida chatarra (rica en azúcar y sal) y por ende que hagan menos ejercicio físico. Pero hemos olvidado que la misma regla ha sido creada por medio de la propia historia del pueblo y de su desarrollo técnico y que, por lo tanto, no es “en sí”, ni menos caída del cielo o donada por algún Dios, sino producida por las propias políticas públicas. Por ejemplo, el mismo modelo empresarial en Chile ha sido producido como tal desde la Hacienda en adelante. No es una “empresa en sí” (que siempre así, no, en otros lugares la empresa de alimentos trabaja unida a su sociedad), que siempre ha sido así y se mueve de forma a-histórica. Esto es, rotundamente, falso y tenemos que dejarlo claro en este artículo. En el tiempo “actual” en el que somos y estamos, al parecer no nos queda “tiempo” para vivir sino simplemente “sobre-vivir” en la matriz violenta del consumismo total que nos circunda, anclados al punto de este ahora que se presenta simplemente como todo lo que da sentido a las personas (atrapados al tiempo “vulgar” del reloj, como diría Heidegger en las páginas finales de Sein und Zeit de 1927) (Heidegger, 1977); tiempos de mero “presentismo”, lo que Jameson a veces llama “fragmentación” o “presente perpetuo”: “Lo que denominamos ‘fragmentación’ se refiere… a este presente perpetuo” (Jameson, 2010, p. 55). Esto es la precariedad.

Al parecer, para algunos interesados que creen en un simplón Francis Fukuyama y El fin de la historia y el último hombre, de 19926 (Fukuyama, 2010, p. 11), en que el modelo neoliberal ya es la realidad misma, con su total significación (el horizonte de la presencia “capitalista” que da sentido a todas las cosas), y no hay nada que se pueda esperar o reconciliar (porque no hay ni pasado ni futuro, sino un simple presente inmediato, eterno y necesario de consumismo salvaje) o en una versión más literaria a lo Cormac McCarthy y su notable The Road, de 20067 (Cormac, 2009, p. 13), en que el canibalismo extremo del consumismo radical todo se lo lleva hasta lo más propio del ser humano; en que la producción cultural da paso simplemente al “canibalismo” de unos contra otros para sobrevivir (y esto comienza desde niño y con alimentación precaria), entonces si es así, ya no es posible salir de la “época” de este horizonte del tiempo presente en el que somos y vivimos atados: el ser en su inmediatez indeterminada, como diría Hegel en su Wissenschaft der Logik (La ciencia de la lógica),5 funciona naturalizando como la regla que nos mide, nos constituye y nos ideologiza9 (Espinoza, 2016). Por eso muchos creen que no se puede hacer nada con el capitalismo y, en el fondo, con el problema que nos atañe, el de la obesidad. Es así y siempre será así; y que los niños y jóvenes seguirán comiendo lo que comen, y la empresa se seguirá lucrando con todo esto ante la vista de toda la sociedad porque legalmente está permitido y no infligen la ley, pero esto no es así. Se debe legislar desde otro modo de entender al ser humano. Pues si no es así, el joven se ha perdido para siempre; busca desde este momento ser simplemente “animal” o dicho de una forma antigua, una fuerza de producción. Nietzsche escribe esta idea de forma brillante en su juventud y muestra cómo los sujetos anhelamos ser animales y en esto estar siempre atado al mero presente de su ser:

Observa el rebaño que ante ti se apacienta. No se sabe lo que es ayer ni lo que es hoy; corre de aquí allá, come, descansa y vuelve a correr, y así desde la mañana hasta la noche, un día y otro, ligado inmediatamente a sus placeres y dolores, clavado al momento presente, sin demostrar ni melancolía ni aburrimiento. El hombre observa con tristeza semejante espectáculo, porque se considera superior a la bestia, y, sin embargo, envidia su felicidad. Esto es lo que él querría: no sentir, como la bestia, ni disgusto ni sufrimiento, y, sin embargo, lo quiere de otra manera, porque no puede querer como la bestia. (Nietzsche, 1932, p. 73)

Esto es lo que sabe la “institución tardo capitalista” que da sentido y presencia a los sujetos (y que “territorializa” hasta su inconsciente) (Deleuze; Guattari, 2000), sabe que el ser humano quiere ser mero animal y por eso lo ata al presente del trabajo, la explotación y el consumismo; lo ata en su inmediatez a ese presente inmediato de comer “basura” de modo i-reflexivo o, dicho de otra forma, lo ata eternamente a no parar de gozar esa “porquería”. Así siempre está consumiendo y, a la vez, trabajando para tener los medios para consumir. Su mandato es: ¡Goza!… Slavoj Žižek ha trabajado esto en detalle a lo largo de su obra. Nosotros diríamos: ¡Come! El sujeto se consume a sí mismo, ya desde muy niño, como simple bestia, para no sentir, entre otras cosas, a sí mismo en toda su dimensionalidad histórica-vital-productiva; esto es, en su ser libre. Para no sentir ni barruntar una nueva concepción “eco-nómica”, para no sentir una nueva “casa” donde habitar que ya no sea meramente unilateral y de explotación de unos por otros; a veces las ciencias contemporáneas son parte de este modelo empobrecido: de esta “ideología” neoliberal que siempre busca reproducirse. Una ideología ontologizada que se articula la una con la misma realidad. Muy acertadamente dice Jameson:

Lo mismo ocurre con el intento de separar ideología y realidad: la ideología del mercado no es, lamentablemente, un lujo o adorno suplementario, ideacional o representativo, que pueda ser extraído del problema económico y enviado luego a una morgue cultural o superestructural para que los especialistas lo diseccionen. (Jameson apud Zizek, 2003, p. 309)

Se necesita otro modo de articulación que exprese complejamente la realidad en y por sí misma en sus múltiples pliegues, pero que la exprese desde un cierto desarrollo que va liberando a todo el sistema de esa esclavitud ideológica a las necesidades atrapadas a la inmediatez del tiempo y del resultado concreto. La idea es que se realice una cierta emancipación “de” lo empírico “en” lo empírico mismo en el desarrollo de todo. Esta es la empresa que queremos para Chile. Se necesita la mediación, esto es, la “formación cultural” (Bildung) para que el ser humano poco a poco puede elevarse sobre sí mismo, sobre su carácter empírico, animal, de mero presente inmediato al que está sujeto. Chile necesita políticas públicas desde un modelo social, colaborativo y humanista para detener la obesidad infantil, fuente de múltiples males en el futuro inmediato de una sociedad alienada. Por eso Hegel, desde la Fenomenología del espíritu, e incluso antes, siempre sabía que era fundamental la Bildung, la mediación por excelencia, para poder abrir al ser humano a algo mejor, por encima de lo inmediato e empírico en lo que está atrapado:

La formación cultural, ese trabajo por arrancarse de la inmediatez de la vida substancial, habrá de siempre adquiriendo conocimientos acerca de principios y puntos de vista universales, para sólo entonces elevarse laboriosamente hasta el pensamiento de la Cosa como tal, además de sostenerla o refutarla con fundamentos, captar la plenitud rica y concreta por sus determinidades y saber proporcionar información apropiada y un juicio serio sobre ella. (Hegel, 1971, p. 59)

Consideraciones finales

El artículo ha abordado, en lo radical, la crisis de la empresa tal como está siendo desde la ideología capitalista y cómo desde ella se legisla, y así nosotros luego nos hacemos cargo de estos niños en colegios y centros de estudios. Y vemos el profundo daño en el que han sido subjetivados. ¿No podemos pensar que la empresa, por ejemplo en Chile, no esté estructurada desde la ideología capitalista? Ella es su ser; es su “sí y amen”. ¿Cómo repensar otra empresa en otra política para los jóvenes y su alimentación? ¿Cómo emprender la aventura del negocio de un modo colaborativo con el otro situado en medio de la polis? ¿Es posible una empresa para Chile, que, siendo privada, no sea voraz y funcione articulada con la sociedad y con metas a nivel del país?

Lo que está claro, como los datos lo muestran, es que el problema concreto de la obesidad seguirá aumentando si no se toman medidas serias, pero no meramente medidas de carácter tecnócratas, sino las que nos permiten ver la ideología en la que somos inmediatamente subjetivados por el capitalismo tardío. Solamente con análisis de los conceptos que están en juego, de mostrar el devenir histórico de ciertas decisiones en políticas públicas, de señalar y generar una conciencia reflexiva de cómo un modelo opera día a día en nuestras prácticas cotidianas, por ejemplo, alimenticias, de tratar el problema no como algo aislado de algunas personas, sino como un problema del país, de denunciar a los actores que están por detrás de estas iniciativas, podremos lograr cambios significativos en el problema de la obesidad y creemos que así se podrá detener su avance.

Hoy es necesario, más que nunca, trabajar en equipos interdisciplinarios problemas que son de suyo complejos y que tienen múltiples aristas, como el de la obesidad. Ante semejantes problemas se necesitan equipos capaces de poder trabajar coordinados desde el levantamiento de datos al levantamiento de conceptos que nos permitan poder llegar efectivamente a soluciones reales. Pero todo esto puede perderse en el desierto de la indiferencia si no logramos comprometer a cada uno de nosotros en el problema, pues de esta forma nosotros mismos nos veremos como “obesos” que necesitamos decir ¡no! a las políticas públicas ancladas en motivaciones capitalistas de ciertos holdings que han capturado a la democracia en estas últimas décadas, no solamente en Chile, sino en el mundo entero.

Referencias

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Este artículo es producto de las investigaciones financiadas por Conicyt/Regular nº 1170454 (titulada “Realidad y arte en Zubiri”) y Conicyt/Regular nº 1170019 (titulada “El mapa escolar como ‘epistemicidio’ de los educativo: comprensión de la escuela desde los márgenes”).
Decía Marx que aun un niño sabe que una formación social que no reproduzca las condiciones de producción al mismo tiempo que produce, no sobrevivirá siquiera un año. Por lo tanto, la condición final de la producción es la reproducción de las condiciones de producción (Althusser apud Zizek 2003, p. 115).
La “independencia” de la realidad acontece con la intromisión de la subjetividad en aquel mundo ético, en esta acción aparentemente movida por fines particulares. No en balde en la Enciclopedia, al referirse a la sociedad civil hablará del “sistema del atomismo”. Véase, Hegel, G.W.F. Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Madrid: Alianza, 2000, § 523. Crítica que se encuentra presente en las palabras que se encuentran nada más comenzar el Manifiesto comunista, cuando se describe la acción de la burguesía en la historia: “Todo lo estamental y estable se evapora, todo lo sagrado es profanado y los seres humanos finalmente se ven obligados a contemplar su posición en la vida, sus relaciones mutuas, con ojos fríos” (Marx; Engels, 2000, p. 51).
“Lo que podríamos estar presenciando no es solamente el fin de la guerra fría, o la culminación de un período específico de la posguerra, sino el fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano” (Fukuyama, 2010, p. 11).
“Se levantó con la primera luz gris y dejó al niño durmiendo y caminó hasta la carretera y en cuclillas estudió la región que se extendía al sur. Árida, silenciosa, infame. Debía de ser el mes de octubre, pero no estaba seguro. Hacía años que no usaba calendario. Irían hacia el sur. Aquí era imposible sobrevivir un invierno más” (Cormac, 2009, p. 13).
Das Sein ist das unbestimmte Unmitelbare. Hegel, G.W.F., Wissenschaft der Logik, Erster Teil, Die Objetive Logik. Ersted Band. Die Lehre vom Sein (1832), Felix Meiner, Hamburg, 1985, p. 68. “El ser es lo inmediato indeterminado”. Hegel, G.W.F. La ciencia de la lógica I. La lógica objetiva: 1 El ser (1812) / 2. La doctrina de la esencia (1813). Madrid: Abada, 2012.
Hegel trató esto de forma brillante en la tercera sección de “La doctrina del ser” de la WdL. En el fondo el ser en tanto como lo inmediato mienta una aparecer que mide y en su medir constituye todo lo real en dicho aparecer. “La medida, entonces, es respectividad de relaciones, esto es, una determinación (Bestimmung) y no cualquier determinación, pues determina, pone términos, cierra, excluye, define, delimita tanto hacia fuera como hacia dentro” (Espinoza, 2016, p. 95).